domingo, 18 de septiembre de 2005

Sólo 20 centavos.




A pesar de la sala sucia y oscura,
de gentes y de lámparas luminosas,
si quiere ver la vida color de rosa
eche veinte centavos en la ranura.

Y no ponga los ojos en esa hermosa
que frunce de promesas la boca impura;
eche veinte centavos en la ranura
si quiere ver la vida color de rosa.

El dolor mata, amigo,
la vida es dura, la vida es dura.
Y ya que usted no tiene
ni hogar ni esposa, ni hogar ni esposa,
eche veinte centavos en la ranura
si quiere ver la vida color de rosa.




fragmento de "Eche veinte centavos en la ranura" de Raúl González Tuñón.-
foto autor desconocido.-

Pena chiquita. Pena enorme.

A veces
hasta me da vergüenza de llorar,
pensando en lo pequeña que es mi pena
ante la enorme pena universal.

¿Qué es mi dolor de triste yiradora
ante el de aquellos que no tienen pan?
-Lugar común, cursilería, pero
realidad, dolorosa realidad-.

Quiero ser fuerte sin claudicaciones,
-bien sé que es vana mi lamentación-,
alzo la voz para cantar y quiebran
los sollozos de mi voz.



poema de Clara Beter.-
foto de Sebastiao Salgado.-

L´amour...



La sociedad odia a los que no son más que amantes porque se dedican a un placer sin expiación.


Ramón Gómez de la Serna.-
cuadro de Marc Chagall.-

jueves, 15 de septiembre de 2005

Otra vez llueve y...




Existe un hombre que tiene la costumbre de pegarme con un paraguas en la cabeza.


"Existe un hombre que tiene la costumbre de pegarme con un paraguas en la cabeza. Justamente hoy se cumplen cinco años desde el día en que empezó a pegarme con el paraguas en la cabeza. En los primeros tiempos no podía soportarlo; ahora estoy habituado.
No sé cómo se llama. Sé que es un hombre común, de traje gris, algo canoso, con un rostro vago. Lo conocí hace cinco años, en una mañana calurosa. Yo estaba leyendo el diario, a la sombra de un árbol, sentado en un banco del bosque de Palermo. De pronto, sentí que algo me tocaba la cabeza. Era este mismo hombre que, ahora, mientras estoy escribiendo, continúa mecánica e indiferentemente pegándome paraguazos."



fragmento del relato "Existe un hombre que tiene la costumbre de pegarme con un paraguas en la cabeza" de Fernando Sorrentino, escritor argentino.-
foto de autor desconocido.-

jueves, 8 de septiembre de 2005

La foto que falta.



Estoy emocionada.

Probablemente diga lo que siento con menos palabras de las que me gustaría. Y seguro, no seré lo suficientemente clara para expresarme.

No tengo una foto. La foto que tanto busco, y que me gustaría compartir está en el MNBA (Museo Nacional de Bellas Artes).

Vengo de ver la muestra "Una Argentina", del fotógrafo Lucio Boschi.
A esto me refería. Me faltan las palabras para definirla porque todo es una imagen. Una imagen sencilla y por demás bella, que llega.

Esta son las palabras de Boschi que "sintetizan" la temática de la muestra:


"Un campesino tiene que caminar cuatro o cinco kilometros para buscar agua y un señor que tiene agua en su casa no encuentra motivo para salir a caminar.
Cada realidad tiene su beneficio y su dificultad"

"Los rasgos fundamentales que definen a estas personas son la capacidad de simplificar la existencia cotidiana y de interpretar su ritmo no como una medida sino como una forma de existir en la tierra
."


Una de las fotos más bellas, y que más sentí, fue la de Doña Evarista Rodriguez, que junto con su testimonio de vida, se transforman en la cereza del postre.

Transcribo sus palabras, que espero lleguen más que las mías.


"La vida en el campo es de lucha y fuerza. La gente anda viajando de a pie, cerro arriba y cerro abajo, con sus llamitas, unos cuantitos perros, soledad y nada más.
A mí me criaron tomando leche de cabra y durmiendo sobre los cueros. Ahora cultivo flores, estatis, virreinas y gladiolos, los llevo a la feria y los vendo o los cambio por charqui; también tejo, busco leñita y preparo la comida, de todo se hacer, floja no soy.
Paso el día trajinando de aquí para allá, con poco me conformo, tengo mi coquita, mi manta, contenta voy.
Hace años más me cayo el rayo y la Pacha me salvó, eso me dió corajeza.
Siempre le pido a la Pachamama que proteja a mis guaguitas, a mis animalitos y a mí. Soy voluntariosa para cuidarle la tierra, le doy de comer, esa es mi costumbre. En otro tiempo, vinieron con distintas creencia a querer convencernos, nos decían salvajes, pero ellos son los salvajes por rigorearnos y querer obligarnos a cambiar. Todo hay que respetar.
A mi Pachamama no la voy a soltar me digan lo que me digan.
Aunque me trague la piel de mi cuerpo, a mi Pacha no voy a soltar.
Yo soy gente de antes.
Así es nomás."


Testimonio de Doña Evarista Rodriguez, Jujuy, 2005.-
La muestra puede disfrutarse hasta el 2 de Octubre, en el MNBA, 2do. piso, en la fotogalería.
Imperdible.
Si querés ver la foto que falta, pasate por acá: http://www.leedor.com/notas/1349---lucio_boschi.html

miércoles, 7 de septiembre de 2005

Por lo menos tenemos la música.

Ayer tuve la oportunidad de vivir la resucitación de Bill Evans. Fui a un homenaje, por el 1/4 de siglo transcurrido desde su desaparición física, y amerita hacer la aclaración, porque les puedo jurar que ayer Bill estaba en la sala.
Un pianista, un contrabajista y un baterista se encargaron de la magia.



Para quienes residen en la Jungla de Cemento (léase Cap. Fed.), el ciclo JAZZOLOGIA del Centro Cultural San Martín es fantástico. Dejo el link para que los interesados se empapen en el tema, y no se lo pierdan. Se trata del mejor jazz nacional, e inclusive internacional, todos los martes del mes, a las 20:30.
Y encima por amor a la música, GRATIS.

http://ccgsm.gov.ar/



Como no podía dejar de ilustrar de alguna forma esta foto, a continuación, uno de los relatos de "Un tal Lucas" con el que me siento más identificada.



LUCAS, SUS DESCONCIERTOS.



Allá por el año del gofio Lucas iba mucho a los conciertos y dale con Chopin, Zoltan Kodaly, Pucciverdi y pare qué te cuento Brahms y Beethoven y hasta Ottorino Respighi en las épocas flojas.
Ahora no va nunca y se las arregla con los discos y la radio o silbando recuerdos, Menuhin y Friedrich Gulda y Marian Anderson, cosas un poco paleolíticas en estos tiempos acelerados, pero la verdad es que en los conciertos le iba de mal en peor hasta que hubo un acuerdo de caballeros entre Lucas que dejó de ir y los acomodadores y parte del público que dejaron de sacarlo a patadas. ¿A qué se debía tan espasmódica discordancia? Si le preguntás, Lucas se acuerda de algunas cosas, por ejemplo la noche en el Colón cuando un pianista a la hora de los bises se lanzó con las manos armadas de Khatchaturian contra un teclado por completo indefenso, ocasión aprovechada por el público pare concederse una crisis de histeria cuya magnitud correspondía exactamente al estruendo alcanzado por el artista en los paroxismos finales, y ahí lo tenemos a Lucas buscando alguna cosa por el suelo entre las plateas y manoteando pare todos lados.
-¿Se le perdió algo, señor? -inquirió la señora entre cuyos tobillos proliferaban los dedos de Lucas.
-La música, señora -dijo Lucas, apenas un segundo antes de que el senador Poliyatti le zampara la primera patada en el culo.
Hubo asimismo la velada de lieder en que una dama aprovechaba delicadamente los pianissimos de Lotte Lehman pare emitir una tos digna de las bocinas de un templo tibetano, razón por la cual en algún momento se oyó la voz de Lucas diciendo: "Si las vacas tosieran, toserían como esa señora", diagnóstico que determinó la intervención patriótica del doctor Chucho Beláustegui y el arrastre de Lucas con la cara pegada al suelo hasta su liberación final en el cordón de la vereda de la calle Libertad.
Es difícil tomarle gusto a los conciertos cuando pasan cosas así, se está mejor at home.





Julio Cortázar.-
foto de Guy Le Querrec.-

domingo, 4 de septiembre de 2005

A cucharaditas.
















La luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante
y también alivia
a los que se han intoxicado de filosofía.
Un pedazo de luna en el bolsillo
es mejor amuleto que la pata de conejo:
sirve para encontrar a quien se ama,
para ser rico sin que lo sepa nadie
y para alejar a los médicos y las clínicas.
Se puede dar de postre a los niños
cuando no se han dormido,
y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
ayudan a bien morir.

Pon una hoja tierna de la luna
debajo de tu almohada
y mirarás lo que quieras ver.
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna
para cuando te ahogues,
y dale la llave de la luna
a los presos y a los desencantados.
Para los condenados a muerte
y para los condenados a vida
no hay mejor estimulante que la luna
en dosis precisas y controladas.



Jaime Sabines.-